
Los riñones son dos órganos pequeños con una función enorme. Aunque muchas personas solo piensan en ellos cuando aparece una enfermedad, trabajan las 24 horas del día filtrando la sangre, eliminando desechos, regulando el equilibrio de líquidos y minerales, ayudando a controlar la presión arterial y participando en la producción de hormonas importantes para el organismo.
El problema es que las enfermedades renales suelen avanzar lentamente y, en muchas ocasiones, no producen síntomas evidentes durante sus primeras etapas. Por eso, conocer los factores de riesgo y adoptar hábitos saludables puede marcar una gran diferencia para proteger la función renal a largo plazo.
¿Qué hacen los riñones?
Cada día, los riñones filtran aproximadamente 180 litros de sangre, eliminando sustancias de desecho y el exceso de líquidos a través de la orina.
Además, ayudan a:
- Regular la presión arterial.
- Mantener el equilibrio de sodio, potasio y otros minerales.
- Producir hormonas que participan en la formación de glóbulos rojos.
- Mantener la salud de los huesos mediante la activación de la vitamina D.
Cuando funcionan correctamente, pasan desapercibidos. Sin embargo, cuando comienzan a deteriorarse, todo el organismo puede verse afectado.
¿Qué puede dañar los riñones?
Existen múltiples factores que aumentan el riesgo de enfermedad renal.
1. Presión arterial alta
La hipertensión es una de las principales causas de enfermedad renal crónica.
Cuando la presión permanece elevada durante años, puede dañar los pequeños vasos sanguíneos que permiten a los riñones filtrar la sangre correctamente.
2. Diabetes
Los niveles elevados de glucosa en sangre pueden afectar los delicados filtros renales (glomérulos), reduciendo progresivamente su capacidad para eliminar los desechos del organismo.
Mantener la diabetes bien controlada ayuda a disminuir este riesgo.
3. Exceso de sal
Consumir grandes cantidades de sodio favorece el aumento de la presión arterial y obliga a los riñones a trabajar más.
Reducir el consumo de alimentos muy salados puede beneficiar tanto a los riñones como al corazón.
4. Deshidratación
El agua es esencial para que los riñones puedan eliminar adecuadamente las sustancias de desecho.
Aunque la deshidratación ocasional suele corregirse sin problemas en personas sanas, mantener una hidratación adecuada es importante para el funcionamiento normal del organismo.
5. Uso excesivo de algunos analgésicos
El consumo frecuente y prolongado de ciertos medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), especialmente sin supervisión médica, puede aumentar el riesgo de daño renal en algunas personas.
Nunca es recomendable automedicarse durante largos períodos.
6. Tabaquismo
Fumar favorece el daño de los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de enfermedad renal y cardiovascular.
Síntomas de enfermedad renal
En las primeras etapas, la enfermedad renal puede no causar síntomas.
Cuando aparecen, algunos de los más frecuentes incluyen:
- Cansancio persistente.
- Hinchazón en pies, tobillos o piernas.
- Cambios en la cantidad o el aspecto de la orina.
- Espuma persistente en la orina.
- Necesidad frecuente de orinar durante la noche.
- Náuseas.
- Disminución del apetito.
- Dificultad para concentrarse.
- Picazón generalizada.
- Presión arterial difícil de controlar.
Estos síntomas no son exclusivos de la enfermedad renal, pero justifican una valoración médica.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
El riesgo aumenta en personas con:
- Diabetes.
- Hipertensión arterial.
- Enfermedad cardiovascular.
- Obesidad.
- Antecedentes familiares de enfermedad renal.
- Edad avanzada.
- Enfermedades autoinmunes.
Cómo proteger los riñones
Mantén una buena hidratación
Beber suficiente agua ayuda al organismo a mantener un funcionamiento adecuado.
Las necesidades de líquidos varían según la edad, el clima, la actividad física y el estado de salud.
Reduce el consumo de sal
Limitar los alimentos ultraprocesados y cocinar con menos sal puede beneficiar la salud renal.
Controla la presión arterial
Mantener la presión dentro de valores saludables ayuda a proteger los vasos sanguíneos de los riñones.
Mantén la glucosa bajo control
Las personas con diabetes deben seguir el tratamiento indicado y realizar controles periódicos.
Realiza actividad física
El ejercicio regular ayuda a controlar el peso, la presión arterial y la glucosa.
Evita fumar
Abandonar el tabaco disminuye el riesgo de enfermedad renal y cardiovascular.
No abuses de los medicamentos
Utiliza analgésicos y otros medicamentos únicamente siguiendo las indicaciones de un profesional de la salud.
¿Cómo se detecta la enfermedad renal?
Muchas personas descubren la enfermedad durante un chequeo de rutina.
Algunas pruebas habituales incluyen:
- Análisis de sangre para medir la creatinina y estimar la función renal.
- Análisis de orina para detectar proteínas o sangre.
- Medición de la presión arterial.
- Ecografía renal cuando está indicada.
La detección temprana permite iniciar medidas que pueden retrasar la progresión de la enfermedad.
Mitos sobre los riñones
“Si los riñones están enfermos siempre duelen”
No.
La enfermedad renal crónica suele avanzar sin dolor durante mucho tiempo.
“Solo las personas mayores tienen problemas renales”
Falso.
Aunque el riesgo aumenta con la edad, la enfermedad renal puede aparecer a cualquier edad, especialmente si existen diabetes, hipertensión u otros factores de riesgo.
“Beber mucha agua cura los riñones”
No.
Una hidratación adecuada es importante, pero no cura la enfermedad renal ni sustituye el tratamiento médico.
¿Cuándo consultar al médico?
Busca atención médica si presentas:
- Hinchazón persistente.
- Sangre en la orina.
- Dolor intenso en la zona lumbar acompañado de fiebre.
- Cambios importantes en la cantidad de orina.
- Presión arterial elevada.
- Diabetes mal controlada.
- Cansancio persistente sin causa aparente.
Conclusión
Los riñones trabajan silenciosamente para mantener el equilibrio del organismo, pero pueden deteriorarse durante años sin causar síntomas evidentes. Por eso, adoptar hábitos saludables, controlar la presión arterial y la diabetes, mantener una alimentación equilibrada y realizar chequeos médicos periódicos son las mejores estrategias para proteger la salud renal.
Cuidar los riñones no requiere medidas extremas. Pequeñas decisiones diarias, como beber suficiente agua, reducir la sal, evitar el tabaquismo y no abusar de ciertos medicamentos, pueden ayudar a conservar su función durante muchos años y mejorar la calidad de vida.
