
El olor corporal puede cambiar a lo largo de la vida y no existe un olor único que permita saber que una persona está gravemente enferma o cerca de morir. Sin embargo, determinadas enfermedades, cambios metabólicos, alteraciones en la alimentación, medicamentos y modificaciones en las funciones del organismo pueden provocar cambios perceptibles en el olor del aliento, el sudor, la orina o la piel.
Cuando una enfermedad avanza, también pueden cambiar factores como la cantidad de líquidos que una persona consume, su alimentación, la función de los riñones y el hígado, la respiración y la manera en que el organismo obtiene energía.
Todos estos procesos pueden influir en las sustancias que se eliminan a través del cuerpo y, como consecuencia, modificar algunos olores.
Por eso, aunque un cambio repentino o persistente en el olor corporal puede llamar la atención, no debe interpretarse por sí solo como una señal de que una persona está muriendo.
¿Por qué cambia el olor corporal?
El olor que percibimos del cuerpo no procede únicamente del sudor. También intervienen las bacterias que viven normalmente sobre la piel, las secreciones, la respiración, la alimentación y diferentes sustancias que el organismo elimina.
Por ejemplo, el sudor recién producido tiene relativamente poco olor. El olor corporal aparece en buena medida cuando determinados componentes del sudor interactúan con microorganismos presentes en la piel.
La dieta también puede modificar temporalmente el olor corporal. Algunos alimentos contienen compuestos que pueden eliminarse a través del aliento, el sudor o la orina.
A esto se suman enfermedades y alteraciones metabólicas que pueden cambiar las sustancias presentes en diferentes secreciones.
Cambios en el metabolismo y el olor del aliento
Uno de los fenómenos que puede modificar el olor del aliento está relacionado con el metabolismo de las grasas y la producción de cetonas.
Cuando el organismo utiliza una cantidad importante de grasa como fuente de energía, produce cuerpos cetónicos. Uno de ellos, la acetona, puede contribuir a un olor característico en el aliento.
En determinadas circunstancias, el aliento puede describirse como dulce, afrutado o parecido al olor de ciertos productos químicos.
Pero existe una distinción fundamental:
Un aliento afrutado no significa automáticamente que una persona esté muriendo.
En algunas situaciones puede ser consecuencia de cambios metabólicos relativamente conocidos. Sin embargo, también puede aparecer en una situación médica potencialmente grave llamada cetoacidosis diabética, especialmente en personas con diabetes.
Aliento afrutado y diabetes
La cetoacidosis diabética ocurre cuando existe una cantidad insuficiente de insulina y el organismo comienza a utilizar grasa rápidamente como fuente de energía.
Como resultado, se acumulan cetonas en la sangre y el equilibrio ácido-base del organismo puede alterarse.
Entre las señales que pueden acompañarla se encuentran:
- Sed intensa.
- Necesidad de orinar con frecuencia.
- Náuseas o vómitos.
- Dolor abdominal.
- Respiración rápida o profunda.
- Debilidad intensa.
- Confusión.
- Aliento con olor afrutado.
La combinación de estos síntomas requiere atención médica urgente.
Por eso, si una persona con diabetes presenta un cambio importante en el olor del aliento acompañado de malestar, vómitos, respiración anormal o alteración del estado mental, no debe atribuirse simplemente a la alimentación.
¿Los riñones pueden cambiar el olor corporal?
Los riñones desempeñan una función esencial en la eliminación de productos de desecho y en el equilibrio de líquidos y minerales.
Cuando la función renal está gravemente alterada, diferentes sustancias pueden acumularse en el organismo. En algunos casos, esto puede producir cambios en el olor del aliento, que algunas personas describen como similar al amoníaco o a un olor fuerte y desagradable.
Sin embargo, el olor por sí solo no permite diagnosticar una enfermedad renal.
Las alteraciones renales importantes pueden acompañarse de otros signos, como hinchazón, cambios en la cantidad de orina, cansancio, náuseas, pérdida de apetito o dificultad para respirar.
Si aparecen varios de estos síntomas, es importante realizar una evaluación médica.
¿Qué ocurre con el hígado?
El hígado participa en el procesamiento de nutrientes, medicamentos y numerosas sustancias producidas por el organismo.
Cuando existe una enfermedad hepática avanzada, pueden producirse cambios en la forma en que determinadas sustancias son procesadas y eliminadas.
En algunas personas con enfermedad hepática grave se ha descrito un olor particular del aliento conocido como fetor hepático. Puede percibirse como un olor dulce, desagradable o diferente al habitual.
Pero nuevamente, este signo no es suficiente para determinar que alguien se encuentra en sus últimos momentos de vida.
El diagnóstico de una enfermedad hepática requiere valorar síntomas, antecedentes, exploración física y pruebas médicas.
La piel también puede cambiar de olor
El olor corporal puede cambiar cuando una persona permanece mucho tiempo en cama, transpira más o modifica sus hábitos de higiene.
En personas gravemente enfermas también pueden aparecer cambios relacionados con:
- Menor movilidad.
- Sudoración.
- Cambios en la alimentación.
- Deshidratación.
- Infecciones.
- Heridas o úlceras por presión.
- Medicamentos.
- Cambios en las secreciones corporales.
Una herida infectada, por ejemplo, puede producir un olor desagradable debido a la presencia de bacterias y tejido afectado.
Por esta razón, un olor nuevo y persistente en una herida debe ser evaluado, especialmente si también existe enrojecimiento, inflamación, dolor, secreción o fiebre.
¿La deshidratación puede cambiar el olor?
Sí. Cuando una persona consume muy poco líquido o pierde una cantidad importante de agua, pueden cambiar diferentes características de la orina y otras secreciones.
La orina puede volverse más concentrada y adquirir un olor más fuerte.
La deshidratación también puede provocar sequedad de boca, lo que favorece la acumulación de bacterias y puede contribuir al mal aliento.
En personas mayores o gravemente enfermas, la deshidratación puede ser especialmente preocupante porque la sensación de sed puede disminuir y la persona puede no consumir suficiente líquido.
Los medicamentos también pueden influir
Algunos medicamentos pueden producir cambios en el olor corporal o en el aliento de manera directa o indirecta.
Por ejemplo, determinados medicamentos pueden causar sequedad de boca, modificar el metabolismo o cambiar la composición de las secreciones.
Además, cuando una persona está enferma puede cambiar su alimentación, beber menos agua o utilizar varios medicamentos simultáneamente.
Por eso, si el cambio de olor comenzó después de iniciar un medicamento nuevo, conviene comentarlo con un profesional de la salud antes de suspenderlo por cuenta propia.
¿Existe un “olor de la muerte”?
En internet circula la idea de que las personas tienen un olor específico poco antes de morir.
La realidad es mucho más compleja.
No existe un olor universal que permita determinar que una persona está a punto de morir.
Una persona en una etapa avanzada de una enfermedad puede experimentar múltiples cambios fisiológicos. Puede comer menos, beber menos, respirar de otra manera, producir diferentes secreciones, presentar infecciones o desarrollar alteraciones en la función de órganos como el hígado o los riñones.
Todos estos factores pueden modificar los olores que perciben quienes la rodean.
Pero ningún olor aislado permite predecir de manera fiable cuánto tiempo le queda de vida a una persona.
Cambios de olor durante los últimos días de vida
En los cuidados paliativos pueden observarse numerosos cambios físicos cuando una persona se aproxima al final de la vida.
Entre ellos pueden encontrarse modificaciones en la respiración, disminución del apetito y la ingesta de líquidos, cambios en la circulación, somnolencia y alteraciones de las secreciones.
Estos cambios pueden modificar el olor percibido alrededor del paciente.
Sin embargo, es importante no convertir una observación subjetiva, como “huele diferente”, en una predicción médica.
Cuando una persona se encuentra bajo cuidados paliativos, el equipo sanitario puede explicar cuáles son los cambios esperables y cómo mantenerla lo más cómoda posible.
¿Cuándo debería preocupar un cambio de olor?
Un cambio de olor corporal ocasional normalmente no significa que exista una enfermedad grave.
Sin embargo, conviene prestar atención cuando el cambio es nuevo, intenso, persistente o aparece junto con otros síntomas.
Es recomendable buscar valoración médica si existe:
- Aliento afrutado acompañado de vómitos, respiración rápida o profunda, confusión o debilidad intensa.
- Olor extraño acompañado de fiebre.
- Heridas con mal olor y secreción.
- Cambios importantes en la cantidad de orina.
- Hinchazón repentina.
- Dificultad para respirar.
- Confusión o somnolencia fuera de lo habitual.
- Pérdida importante de peso sin explicación.
- Coloración amarillenta de la piel o los ojos.
- Empeoramiento rápido del estado general.
La presencia de estos síntomas es mucho más importante que el olor por sí solo.
El olor corporal no sustituye una evaluación médica
Uno de los errores más comunes es intentar diagnosticar enfermedades basándose exclusivamente en olores.
Aunque existen asociaciones entre determinados olores y algunas condiciones médicas, no significa que una persona pueda identificar una enfermedad simplemente utilizando el olfato.
Un olor diferente puede tener explicaciones mucho más sencillas, como alimentación, higiene, sudoración, medicamentos, deshidratación o cambios en la microbiota de la piel y la boca.
Por eso, si existe una preocupación real por la salud de alguien, lo adecuado es observar el conjunto de síntomas y buscar orientación profesional.
En conclusión
El cuerpo puede cambiar de olor por muchas razones y algunas de ellas están relacionadas con modificaciones en el metabolismo, enfermedades, medicamentos, alimentación, deshidratación o cambios en la función de determinados órganos.
Las cetonas, por ejemplo, pueden contribuir a un olor afrutado en el aliento. En determinadas circunstancias, esto puede ser una señal de una alteración metabólica importante, especialmente cuando aparece junto con otros síntomas.
También pueden producirse cambios en el olor del aliento o de la piel cuando existen enfermedades graves que afectan órganos como el hígado o los riñones.
Sin embargo, no existe un olor específico que permita saber que una persona está muriendo.
Si un cambio de olor aparece de forma repentina, persiste o está acompañado de síntomas como dificultad para respirar, confusión, vómitos, fiebre, debilidad intensa o alteraciones importantes de la orina, lo más importante no es identificar el olor, sino buscar una evaluación médica.
El olor puede ser una pista, pero nunca debe utilizarse como diagnóstico.
