
Aunque no exista un olor universal, sí existen razones por las que una persona gravemente enferma puede oler diferente.
El cuerpo experimenta numerosos cambios cuando una enfermedad avanza. También pueden modificarse la cantidad de líquidos ingeridos, la alimentación, la función de los riñones, la respiración y el metabolismo.
Todos estos factores pueden influir en los olores que desprenden el cuerpo y sus diferentes secreciones.
Cambios en el metabolismo
Uno de los fenómenos que puede modificar el olor del aliento está relacionado con el metabolismo de las grasas y la producción de cetonas.
Cuando el organismo utiliza grandes cantidades de grasa como fuente de energía, puede producir cuerpos cetónicos. Algunas de estas sustancias pueden modificar el olor del aliento.
En determinadas situaciones, el aliento puede adquirir un olor dulce o afrutado.
Pero hay que hacer una distinción importante: un aliento afrutado no significa automáticamente que una persona esté muriendo.
Por ejemplo, el CDC señala que el aliento con olor afrutado puede ser un signo de cetoacidosis diabética, una complicación potencialmente mortal asociada con niveles elevados de cetonas y que requiere atención médica urgente. CDC
Por eso, atribuir cualquier olor extraño a la proximidad de la muerte puede ser peligroso.
El olor parecido a acetona o quitaesmalte
En algunos materiales de cuidados paliativos se describe que los cambios metabólicos durante los últimos días de vida pueden producir un olor característico en el aliento, la piel o los fluidos corporales, que algunas personas comparan con el olor del quitaesmalte.
Esto puede estar relacionado con modificaciones del metabolismo que ocurren cuando el organismo se encuentra extremadamente debilitado.
Un documento de cuidados al final de la vida del NHS describe precisamente la posibilidad de que los cambios metabólicos produzcan un olor distintivo similar al de un removedor de esmalte de uñas. sheffieldpartnership.nhs.uk
Sin embargo, este fenómeno no debe interpretarse como una prueba de que la muerte ocurrirá inmediatamente.
La situación clínica completa es mucho más importante que el olor aislado.
¿Puede cambiar el olor de la orina?
Sí.
Cuando una persona se encuentra en los últimos días de vida, puede beber mucho menos líquido y la función de los riñones puede disminuir.
Como consecuencia, la cantidad de orina puede reducirse y esta puede adquirir un color más oscuro y un olor más fuerte.
El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos señala que la disminución de la función renal o de la ingesta de líquidos durante el final de la vida puede provocar una reducción de la cantidad de orina, que también puede presentar un olor más fuerte. Cancer.gov
Esto constituye otro ejemplo de cómo un cambio corporal puede ser interpretado como “olor a muerte”, cuando en realidad tiene una explicación fisiológica.
¿Qué ocurre con el aliento durante los últimos días?
El aliento puede cambiar por diferentes motivos.
Una persona que está muriendo suele comer y beber menos. Además, puede tener dificultades para tragar y pasar más tiempo con la boca abierta.
Esto favorece la sequedad de la boca y puede alterar el olor del aliento.
También pueden acumularse secreciones en la garganta y las vías respiratorias. Cuando la persona ya no tiene suficiente fuerza para expulsarlas mediante la tos, puede aparecer una respiración ruidosa conocida popularmente como “estertor de muerte” o “death rattle”.
Es importante aclarar que este sonido no es un olor.
El NHS explica que la acumulación de mucosidad puede provocar un sonido de respiración parecido a un gorgoteo o un ronquido durante las últimas horas o días. nhs.uk
Para los familiares puede resultar muy angustiante, pero los servicios de cuidados paliativos señalan que normalmente no significa que la persona esté sufriendo.
¿Por qué la piel también puede oler diferente?
Durante una enfermedad avanzada pueden producirse cambios en la piel y en la circulación.
La persona puede sudar menos o más, permanecer inmóvil durante largos periodos y recibir menos líquidos. Además, pueden aparecer heridas, infecciones o lesiones relacionadas con enfermedades específicas.
En determinados casos, estas condiciones pueden generar olores intensos.
Por ejemplo, algunas heridas avanzadas pueden producir un olor desagradable debido a la presencia de tejido dañado, secreciones o infección.
Esto no significa que todas las personas cercanas a la muerte presenten ese olor.
La causa depende de la enfermedad y de las condiciones concretas del paciente.
¿El olor corporal puede indicar que alguien está muriendo?
Por sí solo, no.
Esta es probablemente la conclusión más importante del tema.
Un cambio de olor corporal no permite determinar con precisión cuánto tiempo le queda de vida a una persona.
Los profesionales sanitarios utilizan muchos otros factores para valorar si alguien está entrando en las últimas horas o días de vida.
Entre ellos pueden encontrarse:
- Cambios importantes en el nivel de conciencia.
- Mayor somnolencia.
- Disminución del interés por comer o beber.
- Cambios en el patrón respiratorio.
- Periodos de respiración irregular.
- Acumulación de secreciones.
- Cambios en la circulación.
- Manos y pies más fríos.
- Cambios en el color de la piel.
- Disminución de la producción de orina.
El NHS y otros servicios sanitarios explican que estos cambios pueden aparecer durante la fase terminal, que puede durar horas o días, aunque el momento exacto de la muerte no siempre puede predecirse. nhs.uk
¿Por qué algunas personas dicen reconocer “el olor de la muerte”?
También existe un componente de experiencia personal.
Familiares, cuidadores y profesionales que han acompañado a muchas personas durante el final de la vida pueden reconocer determinados patrones.
Después de haber vivido varias situaciones similares, algunas personas pueden asociar determinados olores con pacientes gravemente enfermos.
Eso no significa necesariamente que exista un olor químico exclusivo de la muerte.
Puede tratarse de una combinación de factores: cambios metabólicos, secreciones, higiene, medicamentos, deshidratación, alimentación, heridas, infecciones y características particulares de la enfermedad.
Por eso, una experiencia personal puede ser real sin que necesariamente exista una explicación universal.
El olor afrutado no debe ignorarse
Existe una situación en la que prestar atención a un cambio de olor puede ser especialmente importante.
Si una persona que no está en cuidados paliativos presenta aliento afrutado, especialmente acompañado de sed intensa, necesidad frecuente de orinar, náuseas, vómitos, dolor abdominal, respiración rápida o profunda, confusión o mucho cansancio, es importante buscar atención médica.
Estos pueden ser signos de cetoacidosis diabética.
El CDC considera esta complicación una emergencia médica y recomienda atención inmediata cuando existen niveles elevados de cetonas junto con síntomas compatibles. CDC
Por eso, nunca debe asumirse que un olor afrutado significa simplemente que “la muerte se acerca”.
¿Qué hacer si una persona está en sus últimos días?
Cuando una persona tiene una enfermedad avanzada y el equipo médico considera que se encuentra en los últimos días de vida, el objetivo principal suele ser proporcionar comodidad, dignidad y alivio de los síntomas.
Los familiares pueden sentirse preocupados al observar cambios en el olor, la respiración o la apariencia.
Sin embargo, muchos de estos cambios forman parte del proceso natural de morir.
El equipo médico puede ayudar a controlar síntomas como dolor, dificultad respiratoria, ansiedad, secreciones y agitación.
También puede recomendar medidas sencillas para mantener la boca húmeda y confortable cuando la persona ya no puede beber normalmente.
El NCI destaca que durante esta etapa pueden aparecer cambios en la respiración y acumulación de secreciones, mientras que los cuidados se enfocan en mantener a la persona cómoda. Cancer.gov
No existe una “señal secreta” que permita predecir la muerte
Las historias sobre personas que supuestamente pueden saber que alguien va a morir porque perciben un olor particular son llamativas, pero la evidencia médica disponible no permite convertir esa experiencia en una regla.
No existe una molécula única conocida como “olor de la muerte” que aparezca en todas las personas antes del fallecimiento.
Lo que existe son cambios fisiológicos que, dependiendo de la enfermedad y del estado de la persona, pueden modificar los olores del cuerpo.
Por eso es importante evitar conclusiones precipitadas.
Un olor extraño puede tener muchas causas y algunas de ellas pueden requerir tratamiento.
La importancia de observar el conjunto de síntomas
Si un familiar gravemente enfermo presenta un olor diferente, lo más útil no es intentar determinar por el olor cuánto tiempo le queda.
Es preferible observar cómo se encuentra en general.
¿Está respirando con dificultad? ¿Está consciente? ¿Puede beber? ¿Tiene dolor? ¿Está agitado? ¿Ha dejado de orinar? ¿Tiene fiebre? ¿Hay secreciones, heridas o algún signo de infección?
Estas preguntas proporcionan mucha más información clínica que el olor por sí solo.
Si existe preocupación, lo recomendable es comunicar el cambio al médico, enfermero o equipo de cuidados paliativos.
¿Cuándo buscar ayuda médica?
Si una persona no se encuentra en una situación conocida de final de vida y aparece repentinamente un olor corporal o un cambio importante en el aliento acompañado de síntomas nuevos, conviene consultar con un profesional.
La atención debe ser especialmente rápida cuando existen:
- Dificultad para respirar.
- Confusión o pérdida de conciencia.
- Vómitos persistentes.
- Dolor intenso.
- Fiebre elevada.
- Respiración rápida y profunda.
- Sed intensa y orina frecuente.
- Aliento afrutado junto con síntomas de glucosa elevada.
- Debilidad extrema o deterioro repentino.
En el caso de una persona con diabetes, el aliento afrutado acompañado de síntomas compatibles con cetoacidosis puede representar una emergencia médica. CDC
Conclusión: ¿qué dice realmente la ciencia sobre el olor antes de morir?
La idea de que existe un “olor de la muerte” capaz de anunciar de manera exacta el fallecimiento es más sencilla de lo que realmente ocurre en el organismo.
La evidencia y la información de los servicios sanitarios indican que algunas personas pueden experimentar cambios en el olor del aliento, la piel, la orina y otros fluidos durante enfermedades graves o en los últimos días de vida. Estos cambios pueden estar relacionados con alteraciones metabólicas, menor consumo de líquidos, disminución de la función renal, secreciones, heridas, infecciones u otros procesos.
Pero no existe un olor universal que permita predecir la muerte.
Además, algunos olores que suelen asociarse popularmente con el final de la vida pueden aparecer en enfermedades que requieren tratamiento urgente. El ejemplo más importante es el aliento afrutado relacionado con la cetoacidosis diabética.
Por eso, cuando una persona enferma presenta un olor diferente, lo más importante no es buscar una interpretación sobrenatural o asumir que la muerte es inminente. Lo fundamental es observar el conjunto de síntomas y consultar con profesionales de la salud.
Al final de la vida, el objetivo debe ser siempre el mismo: acompañar a la persona, controlar los síntomas y garantizar el mayor confort y dignidad posibles.
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